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Autor : antonio

Trailer de “Gordos”

Trailer antiguo de “Gordos”

Así viví­ la gala de los Goya

Aunque cueste creerlo, acudí­ la mar de tranquilo a la gala de los Goya. ¿Por qué? Pues hablando claro: habí­a tenido ocasión de leer algunas crí­ticas (que, efectivamente, me criticaban) y alguna que otra profecí­a: “os adelanto que Antonio de la Torre ni estará nominado ni entrará en las quinielas” (tioscar Sept-2009), al tiempo que hacia otros compañeros los elogios eran casi unánimes, de lo cual me alegro sinceramente. Y como no creo que haya un complot contra mi, ni alguien a quien le caiga especialmente mal, decidí­ que todo esto era, por asi decirlo, una señal.

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La Gran Ilusión

Mi gran ilusión siempre ha sido ser otro. Cuando Benito Zambrano me ofreció trabajar en Padre Coraje, mi primer papel de cierta enjundia, me hizo tanta ilusión que me puse manos a la obra: adelgazé para convertirme en un yonqui, me junté con toda la nobleza marginal de la Alameda de Sevilla, viajé a Jerez, para conocer a la persona en la que estaba inspirada mi personaje. Tenia el sueño de ser otro. Por eso, tras la proyección, no pude evitar la groserí­a de recibir las felicitaciones (algunas me parecerieron aquel dí­a realmente sinceras) con el rostro triste y ausente, como si esas personas fueran ignorantes o me importarán un bledo. Aprovecho ahora para disculparme. Tras muchos meses de fantasí­a, aquel dí­a se habí­a descubierto la mascarada…

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Viviendo deprisa

Tomo prestado este nombre tan poco original y me decido a escribir motivado por las peticiones de uno o ningún bloguero (que no se enfade Harima, pero a veces pienso que se trata de algun/a un colega disfrazado/a). La verdad es que he vivido algunas experiencias desde la última entrada que escribí­: A ver que me acuerde… A ver… Viaje a Moscú y Austria (España campeona de Europa) y un largo peregrinar dietético y geográfico con parada en Santander para el rodaje de la pelí­cula Gordos, de Daniel Sánchez Arévalo. Prometo que a cada pequeña estación de mi periplo me decí­a: ¡ya está! Sobre esto escribo: Los moscovitas son maravillosos, increí­bles, resignados a su Zar Putin. Un pueblo curioso e inquieto, casi infantil en algunos aspectos. Cuando Palina, la chica pizpireta generosa y sensible, que me recogió en el aeropuerto me dijo: “es que los rusos necesitamos alguien fuerte que nos diga que tenemos que hacer”, lo tuve claro: Sobre esto tengo tema seguro. Pero nada…

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Festival de Cine de Málaga

Yo creo que andaba entre Madrid y Sevilla tratando como siempre de resolver esa extraña ecuación que ronda mi cabeza entre el amor cada vez mas intenso e inevitable hacia mi profesion de actor, y la necesidad -supongo que mas aprendida que innata- de tener estabilidad, esa cosa por la que la gente -yo incluido- renuncia a tantos sueños. Una extraña amante esa estabilidad: te pasas toda la vida buscandola y cuando la alcanzas no logra darte la ansiada satisfacción. A veces ocurre algo peor. Cuando por fin tienes suficiente madurez para disfrutarla llega la muerte y te la arrebata. Pero en fin, no quiero arrancar este post poniendome agorero o melancólico. Solo querí­a decir que yo siempre he querido ir al Festival de Cine de Málaga, incluso antes de que se creara.

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Me gusta el fútbol

Yo siempre he sido tardí­o en todo: supongo que como era el pequeño me preocupaba mas en ir filtrando las pasiones que hací­an reí­r y llorar a mis hermanos, que en descubrir las mí­as propias. Hasta que con once años me fui a La Cala, el primer pueblo de Málaga en dirección a Almerí­a. Mi padre habí­a conseguido dinero para la entrada de un apartamento en unos edificios que formaban un triangulo: al otro lado el mar, y al otro… un campo de fútbol…

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Nueva York

Por fin fui a Nueva York. La ciudad con la que siempre soñé. Y ciertamente, por mas vueltas que le he dado en estos quince dí­as, me sigue pareciendo inclasificable. Me llama la atención la locuacidad de los neoyorquinos, su afabilidad, su manera de vivir y comportarse: como si no fueran los ciudadanos mas envidiados del planeta. Incluso ajenos a ello. Aunque parezca un perogrullo yo diria que les veo bastante libres. Me abruma el exceso en restaurantes, bares, tiendas. Todo es barato y accesible y a la vez caro e imposible. Pero sobre todo, interminable. Es la abundancia en estado puro. La ciudad ejerce un magnetismo como el de la famosa nave planetaria de “La Guerra de las Galaxias”. Impresiona cuando se observa en la distancia, ejerce una atracción magnética y una vez dentro, no puedes salir.

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La abundancia

Por fin me decidí­ a visitar al endocrino. Tengo que hacer algunos ajustes en el peso por aquello de mi apasionante profesión. Aunque mi mejor amigo, Alberto, me dice que mi apariencia es la de un fornido atleta – cada vez que me miro al espejo me digo que es imposible que vaya a cumplir cuarenta en un par de meses- siempre es bueno prevenir y hacer algunos ajustes de cara a la Navidad. El medico al que visito es un profesional de sobrado prestigio en el deporte de alta competición -cuyo nombre omitiré porque no se si le interesa publicitarse en mi blog- y también un amigo que me recibe con un abrazo. “Subete aqui”, me dice. Y de un saltito poso agil mi cuerpo sobre un aparato que parece una bascula de ikea. Al cabo de unos segundos el diagnóstico es infalible: “Tienes sobrepeso de grado I”.

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La vida de los otros

El verano es una época que remueve a todo el mundo. Es natural. Se dispone de un tiempo muy amplio para poder elegir libremente. Y eso es motivo de congoja. Sobre todo por la ansiedad de alcanzar una felicidad superior a la que habí­amos pensado. Hoy he visto en la television un reportaje sobre como van desapareciendo los clásicos viajes de todo el mes a algún lugar de la playa. Ahora lo que mas se anhela es improvisar, el viaje corto, la sensación fugaz de atrapar la felicidad.

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